Nº 7 LA MIRADA RESCATADORA

 El Punto Limpio de su ciudad era una parada quincenal voluntaria que su apuesta por la fidelización  hizo obligada. Llevaba años conduciendo hasta este lugar la basura que generaban envases, cables, papeles, telas, vidrios y los restos innombrables de la rutina diaria en el constante usar y tirar. 

A los residuos orgánicos les prestaba atención diariamente, reservándoles  un destino más glorioso pues volverían a la tierra como abono de los parques públicos del municipio. Tenían un contenedor de un diseño que lo diferenciaba del tono monocromático y formas geométricas de los demás. Y es lógico porque en aquel habitaba de algún modo la vida. 

Cuando descargó el portabultos del coche de aquello que le era prescindible en ese momento y lugar pero que sería  necesario en otro aquí y ahora para otras personas, se imaginó cómo sería esa nueva vida en la que las mismas cosas serían de otra forma ; así  hasta que miró esa nueva mirada , la de la lucidez. Y se dijo:

Lo que se ve y se eleva a la categoría de verdad, antes ha tenido que ser mirado; pero no de una forma arbitraria sino con un enfoque de batiscafo, dando presencia a lo que queda palpitante y latente bajo la quietud de las  aguas profundas. De esta forma se hace luz en lo que solo era oscuridad. 

La mirada rescatadora es la que resignifica; la corriente que hace aflorar el cadáver del naufragio; la palabra que da voz a la vida silenciada; la letra que se sale de la pauta de las dos rayas, una  raya o el cuadro; la que  reconoce como arte lo que no llegó a ser considerado ni boceto; la verdad que amplía sus dominios; el bien que abraza y se extiende un paso más allá de lo que hasta el momento estaba bien; el mundo que siente las contracciones propias del parto que alumbra otra realidad; el poder que abandona la moda por aquello de "lo que antes era moda, ahora incomoda" y pergeña nuevos diseños donde cada vez más tienen algo que decir; en definitiva,  el espejo que oficializa el reflejo del ser humano cuando se mira y reconoce su rostro  en la imagen cada vez más poliédrica que le mira.

Entonces la vida continúa. Pero de otra manera.  Una vida cuya gestación, nuevamente,  abriga el germen de su transformación. Y ocurre que cambia todo;  lo natural y lo artificial utilizan otros códigos. Se descubre lo oculto para quien no supo mirarlo con anterioridad, se inventa  nuevas etiquetas que nombren lo que emerge a la superficie tras esperar en el centro de lo profundo, ignorado, desnaturalizado, reducido al reino fantasmal de lo invisible.

Entonces la vida da miedo que solo se conjura con la mirada rescatadora: ese guiño de ojo que  hace brotar  el humor, pero el propio de las personas adultas, el que va acompañado de amor y por tanto, incluye. El otro, el malo, malísimo humor, a veces malhumorado,  no resiste la visión, aunque sea de reojo, de la mirada rescatadora. Buena semana y feliz, consciente y creativo rescate.





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