Nº 12 MERECES LA ALEGRÍA
En la ciudad el verano reinaba a pesar de que la oficialidad estacional indicaba que era otoño. El joven no tenía muchas ganas de hacer aquel examen. En realidad no tenía ganas de hacer ningún examen. Sería mas correcto decir que no tenía ganas de nada. Y eso que era un muchacho recién incorporado a la adolescencia, una persona joven, con toda una vida por delante. Miró sin ver el paisaje a través de las ventanas de la guagua que, de lunes a viernes, le llevaba al instituto. Pero no tenía ojos para contemplar los matices del amanecer ni el trajín del tráfico cotidiano en el tiempo que tardaba en cambiar de municipio e iniciar la jornada académica. Una vez en el aula no sabía qué contestar. Desconocía por qué estaba allí, ante las preguntas que se abocaban al abismo del folio en blanco. Diletante, puso su nombre, dejó el bolígrafo y se agarró la cabeza como si corriera peligro de desencajarse y caer rodando. Hubiese llorado pero no sabía cómo hac...