Nº 10 EL ADORNO NAVIDEÑO
Recién se había producido el cambio oficial al horario invernal cuando compró el primer adorno que colocaría mes y medio más tarde en el árbol de Navidad. Se asombraba de la anticipación, cada vez mayor con la que las estanterías de las grandes y pequeñas superficies mostraban las novedades y tendencias de las fiestas en las que se decía adiós al año en curso y en las que flotaba en el aire el deseo colectivo de que la vida remara a favor.
Tardó mucho en volver a disfrutar de esa época en la que se finiquitaba la existencia de los últimos meses. Era consciente de que la gran ilusión que durante dos semanas inundaba rostros y calles tenía un regusto amargo poblado de recuerdos que alguna vez tuvieron cuerpos. Era inevitable, en ese punto, rememorar aquel fin de año del siglo pasado, en el que lejos de tomar las uvas y brindar con champagne, lloró en el tanatorio por la temprana pérdida paterna.
Fue con la vida nueva que se asomó a unos ojos infantiles, años más tarde, cuando diciembre fue trocando, otra vez, en olores que despertaban el apetito y recuperaban recetas tradicionales, música que mezclaba villancicos con el repaso de lo más escuchado desde enero, sabores, dulces o salados, regados con el licor de la vida, abrazos placenteros, intensos e interminables y una mirada colonizada por el verde esperanza.
Si bien es verdad que también en estas épocas en las que recuperó lo festivo, buscaba un lugar, lejos del bullicio, en el que se reservaba un tiempo de intimidad para acomodar lo perdido.
Y a una época le siguió otra, y a ésa , otra posterior y así sucesivamente, construyéndose de tantas maneras como requiriera la causa o el azar (no tenía nada claro de quién fuera la responsabilidad pero tampoco le importaba en exceso).
Y ahora se encuentra ante ese escaparate en el que busca entre sugerentes elementos decorativos, aquel que sea el adorno navideño de este año. Inició esta tradición que terminó por convertirse en familiar, tras reconciliarse con la vida, cuando pensó que al amparo de la moda navideña vigente, escogería un objeto que ejemplificara el inicio de una nueva etapa en el año venidero. Por esto, en su hogar, año a año, se fue depositando en el árbol de Navidad, objetos de lo más variopinto, con un significado patrimonio intangible de la familia , intercalados con las tradicionales bolas y guirnaldas de colores: en el tronco y las ramas del abeto se puede leer la historia de aquella familia escrita con la grafía de híbridos adornos navideño para quien ponga su corazón en el empeño. Buena semana.
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