Nº 4 LAVA Y CAUCE
El volcán ruge, escupe, quema, arrasa, se desparrama y cubre la tierra de fuego y negror ardiente. El mar espera con inquietud el encuentro anunciado que no termina de producirse .La sal se vuelve agridulce. El aire riega cenizas que se acurrucan en azoteas, suelo, coches, en todo hueco que tenga a bien acogerlas, aunque se sabe que será un alojamiento temporal. La lava corre quemando como si de un amor impetuoso se tratara .A su paso, cambia el paisaje: desaparece tanto el pasado como el presente reciente y amaga con acabar con un futuro nonato. El cauce tiene problemas para encarrilar lo inesperado a pesar de que en el fondo sabe que lo logrará. Pero como es tan en lo profundo, puede el olvido, la resistencia a aceptar que lo que es, es. Incansable, se reinventa. Busca la recta o la curva para dar forma a ese discurrir demoledor. Y la tristeza, con el sabor de la inapetencia, extiende su manto que arropa mientras se huye del mundo y se vive en la distancia corta, per...